martes, 20 de diciembre de 2011

Martes.

Lloraste y te sentí solo, caminando contra mí pero buscándome y te gritaba que vinieses que dejaras todo y me abrazaras. Palabra alguna salía de mí, no entiendo qué pasa, no entiendo porqué me congelo y tirito. Me falta el aire, y tú esperas que diga algo…

Pensaba que el tiempo se había detenido en esa habitación, ¿era lunes o martes? ¿había que ir a trabajar? Sí, y no quería ir, quería abrazarte y llorar todo lo que me guardé. Explícale a mi piel lo que es tenerte a menos de un metro y querer romper esa mínima distancia. Explícale a mi corazón porque no puedo decir nada.

Tus ojos me rogaban que me acercara, que el tiempo volviese a su rumbo normal besándote… susurrándote cuánto te amaba y no resistí más. Me volví pequeña, tú pequeña y nos acercamos.

El final se sabe.

El final siempre se sabe.

Comienza un nuevo día y te espero al terminar con cielos ennegrecidos.

El orgullo siempre se retira en medio de la batalla, el orgullo nunca gana… porque no sabe amar. No sabe lo que es el amor.